Síndrome Guillain-Barré Síntomas El dolor y sus significados Sugerencias

Síndrome Guillain-Barré

Síndrome Guillain-Barré, cuando deja de ser un simple hormigueo. ¿Has sabido de alguien que haya sufrido el síndrome Guillain-Barré? Si no, no es de sorprender, pues poco se oye hablar de esta condición tan dañina. Sin embargo, es más común de lo que se cree.

Síndrome Guillain-Barré

Síndrome Guillain-Barré

Síndrome Guillain-Barré:

¿Tiene tratamiento?

Según el doctor Nelson Novarro, neurólogo e internista con más de diez años de experiencia en este campo, cualquier persona de cualquier edad puede sufrir Síndrome Guillain-Barré. “Nadie está exento de esta condición y no hay forma de prevenirla”, comenta. El Síndrome Guillain-Barré-Landry-Strohl, nombrado así en honor a los doctores que descubrieron sus síntomas desde mediados del siglo XIX, es un trastorno neurológico autoinmune que aflige principalmente al sistema nervioso periférico (comprendido por los “cables” que salen de la médula espinal y se distribuyen hacia los brazos, piernas, intestinos y demás) de manera aguda y abrupta en un período de días o semanas, y que puede dejar a la persona paralizada.

Pero, ¿Como se contrae el Síndrome Guillain-Barré y por qué algunos piensan que es un problema muscular? El Guillain-Barré no se contrae. Es un síndrome que se presenta luego de una infección, ya sea respiratoria o gastrointestinal, causada generalmente por un virus o bacterias.

En algunas personas, cuando su sistema inmune se defiende de las infecciones ataca erróneamente lo propio, dañando al nervio periférico. Esto se debe a que, en ocasiones, algunas partículas de las bacterias son parecidas (“mimetismo molecular”) a las partículas del nervio periférico. Como consecuencia, la persona empieza a sentir un hormigueo o debilidad distal –en partes del cuerpo alejadas del centro, como las piernas o manos– la cual va ascendiendo hasta no poder caminar o incluso quedar paralizada. Esta condición también puede afectar su cara (parálisis facial), sus reflejos, su presión arterial, su respiración y hasta el ritmo cardíaco, poniéndola en peligro de muerte.

Es aquí cuando algunos llegan a pensar que es un problema muscular. El Dr. Novarro explica su estrecha relación: “La gente interpreta al nervio como la parte emocional, siendo este realmente la célula o parte del cable del sistema nervioso”. El hecho de que usted se toque la mano y sienta significa que hay unos receptores sensitivos que están conectados a un cable que viaja por la médula espinal y sube al cerebro, que es quien interpreta lo que usted está sintiendo.  “Ese movimiento empieza en el cerebro y baja por un cable que se conecta al músculo. Este, a su vez, hace la acción que eléctricamente el cable le está diciendo que haga. Por consiguiente, si un músculo está desconectado, no se mueve”.

La agonía de los nervios

Sentir algún hormigueo o tensión muscular no es sinónimo de este trastorno, pero sí puede llegar a serlo si la agonía es constante y ascendente. Por esto, para descartar la sospecha del Guillain-Barré se realizan dos pruebas:

Punción lumbar: determina si hay una elevación de las proteínas en el líquido cefalorraquídeo, llamada disociación citoproteica, que indica un proceso inflamatorio.
Estudio de neuroconducción nerviosa: determina si el nervio periférico tiene un problema y, si lo tiene, si es en un solo cable (mono) o en muchos (polineuropatía).
Con base en los resultados y teniendo en cuenta si la patología es aguda o crónica, se corrobora el diagnóstico clínico y se procede a iniciar un tratamiento específico.

Los tratamientos avalados por entidades internacionales como la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos), de Estados Unidos, y la EMA (Agencia Europea de Medicamentos) son la inmunoglobulina humana intravenosa y la plasmaféresis. En el primero, se administra al paciente dosis específicas de inmunoglobulinas –proteínas fabricadas por las células de defensa– humanas extraídas de sueros de donantes sanos. Estas, mediante diferentes mecanismos, modulan el sistema inmune y hacen que el paciente se vaya recuperando poco a poco.

“La plasmaféresis, por su parte, es un tratamiento en donde se extrae completamente la sangre del cuerpo y se filtra de forma que las células de la sangre se le devuelven al paciente sin el plasma, el cual el organismo sustituye rápidamente”, comenta el experto.

Culminados estos tratamientos vienen los de rehabilitación, los cuales son clave en la recuperación de la persona. se alguno de los síntomas descritos, se busque atención médica para corroborar o descartar la existencia de esta condición.

Una vida llena de significados

La primera condición para vivir una vida sana es reconocer nuestra vulnerabilidad como seres humanos. Estamos condicionados a vivir diariamente experiencias de pérdidas y ganancias, algunas sutiles y otras significativas. Nuestra sociedad visualiza las pérdidas como fracasos, derrotas, castigos y vivimos en una fantasía de que las experiencias dolorosas solamente llegan por castigo.

Las pérdidas significativas, como perder el año escolar, un descalabro económico, la separación o divorcio, un despido laboral, un hijo en drogas o una infidelidad, entre otras, desembocan en lo que denominamos duelo, del latín dolus, que significa dolor.

En el pasado, cuando se hablaba de duelo se le usaba exclusivamente para la pérdida física de un ser querido. Actualmente, los especialistas lo plantean como la respuesta emotiva ante la pérdida de algo o alguien significativo; un camino en donde transita la ira, el miedo, la culpa, la tristeza, los resentimientos, los rencores, los odios, que nos llevan a cuestionar nuestra existencia y nuestros valores, ocasionando confusión y dolor.

El duelo es un proceso activo que hay que poner de nuestra parte para avanzar; tenemos que enfrentarlo y vivirlo para llegar a la aceptación de lo perdido o lo que ya no tenemos. El dolor no se evapora, no podemos evadirlo, no se puede reemplazar de forma mágica lo que se pierde, hay que mirarle la cara, pues no se puede voltear la página sin haber comprendido la anterior. El duelo trae consigo un aprendizaje, te obliga a cuestionar tus creencias, tus principios, la misma existencia de la vida.

Como lo plantea Victor Frankl, en su libro El hombre en busca de sentido último, “la responsabilidad es la esencia de la existencia humana”, y como seres procesuales que somos tenemos una responsabilidad de responder a nuestras experiencias dolorosas con respeto, honestidad y aceptación.

Los padres de un niño que pierde el año deben respetar su duelo y brindarle la oportunidad de aprender de los errores de forma proactiva. Además, deben asumir la responsabilidad de lo vivido, pues negar el dolor es negar la existencia de los sentimientos del niño. Finalmente, es esencial encontrarle un significado a la experiencia vivida.

La pareja que se separa o divorcia en incontables ocasiones se enfrasca en la ira, en el miedo y no hay espacio para aprender de los errores. Las personas repiten, por desconocimiento, el conocido refrán: “Un clavo saca a otro clavo”, lo cual agrava la situación. La separación y el divorcio es una pérdida dolorosa que implica el dolor de los padres y de los hijos, quienes muchas veces están navegando en un mar desconocido, sin darse el permiso de sentir y expresar el dolor.

Mencionar cada pérdida y entrar en consciencia del dolor que provoca cada una de ellas nos llevaría a la conclusión de que vivimos en una sociedad donde estamos evitando enfrentar los duelos, duelos que más adelante se enquistan, se congelan, se momifican y favorecen conductas destructivas como la adicción, la depresión y la violencia.

Una forma proactiva de ir cambiando esto es quitarnos las máscaras y reconocernos como lo que somos, seres frágiles y vulnerables que estamos expuestos a vivir pérdidas, que podemos cambiar nuestra forma de afrontarlas, descubrir dentro de nosotros mismos la valentía para expresar lo que duele y encontrar una vida llena de significados.

He aquí algunas sugerencias que nos permitirán abrirnos al dolor:

Evite el silencio: No se encierre en el dolor. Hay muchas personas ansiosas de apoyarle.
No se encierre en sí mismo: Acuda a sus familiares, amigos y seres queridos.
Permítase algún tiempo solo: Hay una diferencia entre sumirse en la soledad y tener un tiempo de privacidad.
No subestime el dolor de los menores: Si tiene niños o jóvenes a su alrededor, al verlo sufrir a usted ellos se permitirán expresar sus sentimientos.
Viva un día a la vez: Téngase paciencia, pues el duelo es un proceso con altas y bajas.
Busque ayuda especializada y/o espiritual: Hay personas con formación especializada que están dispuestas a ayudarle.

Atravesar una pérdida no es fácil, pero con paciencia y resignación su actitud puede ayudarle a que el proceso sea más llevadero.

Sintomatología:

Los síntomas de Guillain-Barré pueden empeorar de manera muy rápida. Es posible que pasen solamente algunas horas hasta que aparezcan los síntomas más graves, pero también es común que la debilidad vaya aumentando durante varios días. La debilidad muscular o la pérdida de la función muscular (parálisis) afecta ambos lados del cuerpo. En la mayoría de los casos, comienza en las piernas y luego se disemina a los brazos, lo cual se denomina parálisis ascendente. Si la inflamación afecta los nervios del tórax y del diafragma (el gran músculo bajo los pulmones que le ayuda a respirar) y esos músculos están débiles, se puede requerir asistencia respiratoria.

Otros signos y síntomas típicos del Síndrome Guillain-Barré son:

  • Pérdida de reflejos tendinosos en brazos y piernas.
  • Entumecimiento (pérdida leve de la sensibilidad) u hormigueo.
  • Dolor o sensibilidad muscular (puede ser un dolor similar a un calambre).
  • Movimiento descoordinado (no puede caminar sin ayuda).
  • Hipotensión arterial o control deficiente de la presión arterial.
  • Frecuencia cardíaca anormal.

Otros síntomas pueden ser:

  • Visión borrosa y visión doble.
  • Torpeza y caídas.
  • Dificultad para mover los músculos de la cara.
  • Contracciones musculares.
  • Sentir los latidos del corazón (palpitaciones).

Síntomas de emergencia (busque ayuda médica inmediata):

  • Ausencia temporal de la respiración.
  • No puede respirar profundamente.
  • Dificultad respiratoria.
  • Dificultad para deglutir.
  • Babeo.
  • Desmayo.
  • Sentirse mareado al pararse.

Fuentes:

-Vanessa Restrepo de Rinkel
-Giselle de la Hoz,
-Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz (www.duelo.org)
-https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000684.htm
Propia

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