Salir de la Matrix Pdf 64 Códigos de Activación El Mundo Es Una Ilusión

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Salir de la Matrix

Salir de la Matrix

Salir de la Matrix

“Un porcentaje considerable de las personas que encontramos en la calle están vacías por dentro, es decir, están actualmente muertas, sin alma. Somos afortunados de no poder verlo y de no saberlo. Si conociéramos el número de personas que están realmente muertas, sin alma y el número de personas que gobiernan nuestras vidas en estos momentos, nos volveríamos locos de horror”.

G. I. Gurdjieff.

El primer paso para hacer una salida de matriz es darse cuenta de que la matriz no es real. No eres un cuerpo físico en un planeta girando a través del espacio. Tu Alma existe fuera de la Matriz y está controlando de forma remota un Avatar en una Simulación. Tu Avatar / cuerpo pertenece a la Matriz … tu alma no.

También debes darte cuenta de que no todos los avatares / cuerpos en la simulación están conectados a un alma. Aunque al principio será difícil de creer, muchas de las “personas” en la Simulación son simplemente Programas. Para que, como alma, permanezcas cuerda en la Simulación, debes rechazar las mentiras profanas y abrazar la verdad divina … ¡ÉSTE NO ES NUESTRO HOGAR!

Pasos para la salida

Los últimos pasos que debemos dar para preparar una salida de Matrix pueden parecer simples, pero le aseguro que no. Estar tranquilo cuando otros están enojados y agresivos es un desafío. Ser amable cuando otros son crueles es un desafío. Y ser creativo mientras que otros son destructivos también es un desafío. Sin embargo, estos 3 estados de la mente y el ser son una elección que podemos hacer en cualquier momento . En cualquier lugar … y fortalece la autoconciencia y la conectividad de nuestra alma al verdadero Cosmos. Es similar a la razón por la cual un barco flota en el agua: desplazamiento. Desplazamos la oscuridad digital con la luz radiante de nuestra alma .

Este es un momento especial. Oleadas de cambios fuera de Matrix están lavando tu alma y haciendo que su burbuja radiante e inteligente de energía viva se haga más grande y brillante. Al igual que cuando soplamos aire sobre un carbón y brilla, así es la chispa divina en tu alma que se reaviva y despierta. Porque para muchos de nosotros ¡ES HORA DE IR A CASA!

Robert M.Stanley
11 de septiembre de 2017

Uniendo información:

Philip K. Dick dijo en una conferencia en 1977: “Vivimos en una realidad programada computacionalmente y la única pista que tenemos es: cuando una variable es cambiada y una alteración en nuestra realidad ocurre”. Sus ideas prefiguran indudablemente la noción desarrollada en la trilogía The Matrix. Una serie que, como ha notado el profesor Robert Thurman, tiene notables influencias budistas:la Matrix del budismo se llama samsara. Y que ha producido la gran metáfora de nuestro tiempo para referirse a una sensación milenaria: la sospecha de que el mundo que experimentamos convencionalmente es una ilusión. En su laberíntica y obsesiva reflexión en torno a una serie de visiones místicas que ocurrieron el 2/3/1974, plasmadas en The Exegesis.

Curiosamente Dick, un gnóstico cristiano: da como posible escapatoria a este dédalo ilusorio que hoy llamamos La Matrix el camino del bodhisattva. Dick cuenta sobre el protagonista de un texto que pensaba titular The Owl:

Sólo escapa verdaderamente del laberinto cuando decide regresar voluntariamente: volverse a someter al poder del laberinto. Para beneficiar a aquellos que siguen atrapados dentro de él. Esto es, nunca puedes irte tu sólo, para salir debes de elegir llevar a los demás. Ésta es la paradoja última del laberinto: la ingenuidad quintaesencial de su construcción. Que la única vía de salida es una vía de regreso voluntaria (al interior de su poder). Que es lo que constituye el sendero del bodhisattva.

Dick refuerza esta misma idea: “Si existe la felicidad, debe de surgir de voluntariamente entregar el propio ser en intercambio por participar conscientemente en el destino de la unidad total”.

En otras palabras:

El héroe de la Matrix, el bodhisattva, el hacker, es aquel que descubre que: la realidad más allá de la ilusión del programa o simulacro es una completa interdependencia entre todos los seres. Lo cual es la semilla indestructible de la compasión. La motivación de la compasión, de la renuncia y la entrega en favor de los demás. Es esto la sabiduría de que los otros son parte de mí. Si el universo entero es la experiencia de un sólo cuerpo o mandala, entonces la compasión surge de manera: tan espontánea como cuando uno quita los dedos del fuego (ese fuego es el samsara, es la Matrix). En el budismo tántrico, la compasión constituye el insuperable método (upaya). Para alcanzar la iluminación y despertar del sueño del samsara.

Este intersticio o glitch divino en la arquitectura de la Matrix o del laberinto (este hilo de Ariadna) que: Dick descubre como la compasión, es justamente lo que unen al budismo y al cristianismo. También en The Exegesis, Dick escribe:

Cristo es Buda homologado como bodhisattava”. El acto crístico es un acto de compasión pura: sacrificar su vida para salvar a los demás; coincide con el juramento del bodhisattva: dedicar incontables vidas a liberar a todos los seres. Permanecer dentro del samsara hasta que todos los seres alcancen la liberación. Siguiendo con esta incursión gnóstica en el budismo mahayana, Dick escribe que: “la cualidad más alta de la compasión es el único poder capaz de resolver el laberinto. La verdadera medida del hombre no es su inteligencia o su éxito en este sistema demente. No, la verdadera medida del hombre es esta: qué tan rápido puede responder a la necesidad de los demás y qué tanto de sí mismo puede dar”.

Aquí hay un claro eco bíblico, sólo quien es capaz de dar su vida (esta vida mundana, este polvo): podrá obtener la vida eterna, pero no será ya alguien, un individuo, sino será la divinidad misma: Cristo, Buda.

La muerte de nuestra personalidad separada, de nuestro ego, es la semilla de la vida del espíritu. Pero esa vida del espíritu más que una fase nueva es la condición original que siempre ha existido, innata y por lo tanto inmortal. Con esto llegamos también a otro de los conceptos esenciales de la teología de Philip K. Dick: el escritor de ciencia ficción que era en realidad uno de los grandes místicos del siglo XX. Tomando de Platón pero en comunión también con el camino tántrico del budismo vajrayana, Dick mantiene que: el remedio para sanar esta condición de estar perdidos en el laberinto (en el samsara) es la anamnesis. La pérdida de la amnesia que nos caracteriza.

“Recordaste tus orígenes, y eran de más allá de las estrellas”:

En el budismo tántrico se asume la condición original, la noción de la pureza primordial. La naturaleza búdica inherente (o tathagatagarbha). Como la realidad presente, así la base del sendero se vuelve indivisible del fruto (el proyecto de volverse budas se nutre de la visión de que ya somos budas). En otras palabras, se trae a mente, se recuerda (mindfulness, sati) la propia naturaleza búdica, la luz del origen (allende las estrellas y allende lo humano). Asimismo, el hecho de que la salida del laberinto constituya precisamente permanecer en él desde la perspectiva de la compasión intuye: ya una noción que no está del todo desarrollada en la visión de Dick (y que quizás entre en conflicto con el dualismo del gnosticismo cristiano), esto es, la no-dualidad.

En el sentido más profundo, cuando se ha realizado el cambio de perspectiva de la compasión y la integración de la totalidad en uno: el laberinto ya no es un laberinto (es un espacio sin límites). Donde no hay separación entre afuera y adentro, el samsara es nirvana. Pero, nos dicen las tradiciones místicas: es sólo entendido y experimentado por alguien que ha alcanzado un estado como el de un cristo, un bodhisattva, un tzadikim, etc.

En la película The Matrix: Revolutions:

El clímax de la saga se produce con un enfrentamiento entre el Agente Smith y Neo. Neo logra conquistar el último obstáculo, así reconociendo completamente su propia naturaleza búdica como “The One”. Convirtiéndose antes en su enemigo, absorbiéndolo en él mismo a Smith. Al lograr esto, la Matrix estalla en la vacuidad que siempre fue: sólo vacío radiante. Para el budismo mahayana la vacuidad necesariamente implica la compasión y viceversa. Este extenderse de Neo en Smith es un reconocer la vacuidad de la identidad y una compasión, un sentir-con. Las cosas están vacías ya que no tienen existencia inherente, no existen desde su propio lado sino: solamente en interdependencia con todas las otras cosas. La compasión surge espontáneamente de reconocer esta interdependencia, incluso podríamos decir que la compasión es esa misma interdependencia: el acto reflejo que surge espontáneamente de saber que en cada cosa se reflejan todas las otras cosas. Como en el caso del mítico collar de perlas de Indra: una de las más hermosas metáforas de la naturaleza del universo.

Remata:

Dice Dick: “Somos cosmocrators olvidadizos, atrapados en el universo de nuestra propia hechura”. Es la ignorancia de que este mundo es generado por nuestra propia mente. La que perpetúa el estado de sufrimiento, la que sigue reproduciendo un sueño. Sufrimos y sentimos dolor porque creemos que el sueño es real y que estamos separados de los otros. Pero ese mismo sufrimiento es lo que nos motiva a actuar, descubrir la verdad y despertar. “En un sentido muy real, el dolor que sentimos como criaturas vivientes es el dolor de despertar. La presión de este dolor nos motiva a buscar respuestas.  O, lo que es lo mismo, nos motiva a una mayor conciencia”. Este es exactamente el entendimiento de la primera noble verdad del Buda.

Twitter del autor: @alepholo

Continuemos:

En la excelente página: pijamasurf.com continúa con EL MUNDO ES UNA ILUSIÓN (LA TEOLOGÍA DE PHILLIP K. DICK). Aquí vamos a comprender mejor y ampliar este concepto que tratamos desvelar.

Un enigmático episodio, en el que recibió una “invasión mental cósmica”, marcó la vida de Phillip k. Dick e hizo que creyera que el mundo en el que vivimos es un simulacro, desarrollando toda una teología de la gran ilusión cósmica.

Hace un par de semanas se publicó The Exegesis, la obra póstuma de Phillip K. Dick de más de 900 páginas. En donde el actualmente escritor de ciencia ficción más popular de Hollywood: y quizás pase a ser el más importante en la historia del género: explora y reflexiona sobre un intrigante episodio que le ocurrió en 1974. Y del cual se deriva (y cifra) su teología. Estas meditaciones metafísicas, que no fueron escritas para ser publicadas: constan de más de 9,000 páginas, las cuales fueron editadas para componer una obra relativamente digerible.

La teología sobre la que devanea K. Dick es, como quizás sea obvio para sus lectores: una espectral madeja de paranoia y lucidez que, más allá de explorar una veta un tanto radical (y alucinatoria) del cristianismo: se centra en la preocupación central de la obra de este escritor estadounidense: qué es la realidad. Este cuestionamiento, que ha sido abordadO con cierto parentesco por Borges, Baudrillard, Hume y los filosófos presocráticos: encuentra en K. Dick a uno de sus más profundos inquisidores.

El 20 de febrero de 1974, Phillip K. Dick vivió un acontecimiento —que alguna vez describió como una invasión mental cósmica— en el que, aparentemente, un rayo láser rosa le disparó una corriente de conocimientos arcanos.

Ese día de febrero de 1974, justo la semana en la que se había publicado la novela Flow My Tears, the Policeman Said: Dick fue al dentista a que le quitaran las muelas del juicio bajo los efectos del tiopentato de sodio. Pocas horas después se halló sufriendo un dolor extremo en su casa. Su esposa habló a la farmacia a pedir analgésicos. Tocaron a su puerta y, según relata, K.Dick sintió la necesidad de abrir él mismo pese a que estaba sangrando y adolorido. La chica de la farmacia llevaba puesto un collar brillante con un pez dorado en el centro. Este pez hipnotizó a Dick, quien le preguntó a la chica:

“Qué significa?”

La chica tocó el pez dorado resplandeciente con su mano y dijo :”Es un símbolo usado por los primeros cristianos”.

Luego me dio mis medicamentos. En ese instante, mientra volteaba a ver el símbolo del pez brillante y oía sus palabras: experimenté de súbito lo que luego descubrí se conoce como anamnesis. Palabra griega que significa, literalmente, “pérdida del olvido”. Recordé quién era y dónde estaba. En un instante, en un parpadeo, todo regresó a mí. Y no solo podía recordarlo: lo podía ver. La niña era una cristiana secreta y yo también. Vivíamos con miedo de ser detectados por los romanos. Teníamos que comunicarnos con signos crípticos. Ella me había dicho esto y era verdad.

Phillip K. Dick viviría el resto de su vida, hasta 1982, obsesionado por este episodio que incluiría una serie de comunicaciones telepáticas el mes subsecuente.

De aquí se desprende la extraña cosmogonía de Phillip K. Dick. Que si bien ya había sido esbozada en muchas de sus obras previas: toma un cariz radical y se afianza en su teoría de que la realidad en la que vivimos es un simulacro. En su ensayo How to Build a Universe That Doesn’t Fall Apart explica:

La respuesta a la que he llegado tal vez no sea la correcta, pero es la única que tengo. Tiene que ver con el tiempo. Mi teoría es esta: en algún sentido fundamental: el tiempo no es real. O quizás sí sea real, pero no como lo experimentamos o como imaginamos que lo es.

Tuve una aguda y abrumadora certidumbre (y todavía la tengo) de que: pese a todo el cambio que vemos, un paisaje específico permanente subyace al mundo del cambio: y este paisaje invisible subyacente es el de la Biblia. Es, específicamente, el periodo inmediato a la muerte y la resurrección de Cristo. Es, en otras palabras, el tiempo del Libro de los Hechos.

Puede parecer un tanto delirante que un escritor ahora tan reconocido, y cuyas historias alimentan: el cine y la televisión cada vez más, creyera que en realidad estamos en Judea. Inmóviles (como el Ser de Parménides), 2000 años atrás. Phillip K. Dick era consciente de esto y muchas veces buscó desestimar esta espisodio visionario —que siempre persistió como un enigma. Lo transmutó en ficción en la que para algunos es su obra maestra, VALIS. Novela en la que el rayo láser que percibió dispararse del collar de la repartidora de fármacos se vuelve el rayo láser satelital: Que usa la computadora cósmica para proyectar hologramas y transmitir información en la Tierra. Mantener también esta ilusión temporal.

El sueño eléctrico de la divinidad de K. Dick, novelado, en el que esta divinidad informática que proviene de Sirio se comunica con él para revelarle lo que podríamos llamar los intersticios de la Matrix.

Dick escribió en Exegesis:

Parece que somos bucles de memoria (portadores de ADN capaces de experiencia) en una sistema computacional pensante en el que: aunque hemos correctamente grabado y almacenado miles de años de información experiencial, y cada uno de nosotros posee depósitos un tanto diferentes de todas las otras formas de vida, hay un mal funcionamiento —una falla— en la recuperación de la memoria.

Tenemos aquí una clara muestra de la anamnesis que es clave en el sistema filosófico-religioso de K. Dick. Y la cual equivale a la gnosis platónica: saber es recordar.

Recordar quiénes somos, intuye K. Dick, es ver más allá del simulacro. Acceder a la esencia intemporal que participa en el Logos (el Logos que es “aquel que piensa, y aquello que se piensa: el pensador y el pensamiento juntos”. Dick cree, como cierta corriente en la física cuántica: que la información es el constituyente primordial del universo).

Asimismo, la conciencia de que somos proyecciones holográficas o seres ensoñados nos abre la puerta a ser el proyector de hologramas y el soñador.

El éxito de K. Dick se sustenta en que pese a que llevó a su mente a los límites más extremos de la metafísica, que: en ocasiones rayaron en la más pura psicosis, siempre conservó el humor y la crítica. También de How to Build a Universe That Doesn’t Fall Apart:

Me puedo imaginar a mí mismo siendo examinado por un psiquiatra.

El psiquiatra:

El psiquiatra dice, “¿Qué año es? Yo respondo, “50 d.C”. El psiquiatra parpadea y luego me pregunta. “¿Y dónde estás tú?” Yo respondó, “En Judea”. “¿Dónde rayos está eso?”, me pregunta. “Es parte del Imperio Romano”, tendría que responder. “¿Sabes quién es presidente?”, me preguntaría el psiquiatra, y yo repsondería, “El procurador Felix”. ¿Estás seguro de esto”, diría el psiquiatra, mientras que da señales encubiertas a dos asistentes corpulentos. “Sí”, le respondería. “A menos de que Felix haya dejado su puesto y entonces habría sido reemplazado por el procurador Festus. Ve, San Pablo fue aprehendido por Felix por…”. “¿Quién te dijo todo esto?”, interrumpiría el psiquiatra, irritado, y yo respondería, “El Espíritu Santo”. Después de eso me retendrían en la habitación de hule, dentro mirando hacia afuera. Y sabiendo exactamente por qué estaba ahí.

Siempre esta doble realidad en el pensamiento de K. Dick: el psiquiatra es también el procurador romano que detiene a los cristianos. Que lo detiene a él que ha escuchado la voz del Espíritu Santo. Cuya paloma ahora es un rayo láser. Estamos aquí y allá, sentados en la eternidad y en esta película (una especie de cinta de Hollywood personalizado) que es el tiempo.

La obsesión por el episodio epifánico de K. Dick se vio aumentada por el hecho de que aparentemente recibió información telepática que comprobó ser cierta más allá de su mente. Supuestamente se le avisó que su hijo estaba enfermó y podría morir. Examinaciones médicas de rutina mostraban que el niño no tenía ninguna enfermedad. Sin embargo, K. Dick insistió en que se realizaran exámenes exhaustivos. Se le decubrió una hernia inguinal que lo habría matado si no hubiera intervenido la inteligencia cósmica. Esta comunicación, de manera cambiante, fue percibida por K. Dick como proveniente de una inteligencia del sistema estelar de Sirio. Para los interesados en el tema se recomienda leer: Cosmic Trigger, donde Robert Anton Wislon explora la sincronicidad de que por la misma época varias personas reportaron recibir comunicación telepática de Sirio.

Entre ellos, él y Tim Leary. Los emisores son los constructores originales, que en VALIS revelan: “Nunca lo hemos dejado de hacer…

Todavía construimos. Construimos este mundo. Esta matriz de espacio-tiempo”. Phillip K. Dick liga a los arquitectos de la Matrix sirianos con los cristianos del código del pez: ¿acaso las entidades sirianas son semidioses marinos, una especie de peces cibernéticos súper-evolucionados, cuyo linaje entronca con Cristo?

Añadiendo a la mistificación, por el tiempo de la invasión cósmica mental la esposa de K. Dick supuestamente transcribió sonidos cuando lo oyó hablar dormido y descubrió que estaba hablando en griego koiné. Que es el dialéctco que se hablaba en la era helénica de la antigua Grecia y el cual nunca había estudiado.

Este espisodio de supuesta xenoglosia no se ha podido aclarar si es parte de una mitificación à proposito del mismo K. Dic. O un suceso que él mismo pensÓ que sí ocurrió. Quizás en su mente se borran las fronteras entre su obra y la realidad.

En febrero de 1974 K. Dick acababa de publicar su novela Flow My Tears, The Policeman Said. La cual, según contó en varias ocasiones, descubrió a posteriori que: estaba, inconscientemente, registrando sucesos que ocurrían en el Libro de los Hechos y cuyos personajes describían de manera puntual a personas que aún no conocía. Esto contribuyó a que no tomara el episodio visionario a la ligera.

Evidentemente los críticos y biógrafos de Phillip K. Dick proponen teorías alternativas para explicar la fuente de su trance visionario.

Una de las versiones más socorridas es la de que este episodio fue propiciado por un ataque de epilepsia del lóbulo temporal: al parecer K. Dick, como Van Gogh, Dostoievski o Flaubert, padecía esta condición. Con la que la ciencia muchas veces intenta explicar las teofanías.

También se han esbozado versiones de que fue el resultado del exceso de: vitaminas que consumía, un flashback de su experimentación con drogas psicoactivas o simplemente una manifestación de su psique desequilibrada que por momentos lo llevaba a la locura. El mismo K. Dick consideró en algunos momentos de su vida que podía tener un origen neurológico. Lo cual es parte de la tesis que desarrolla en VALIS a través de su alter ego Horselover Fat. Quien tal vez padece esquiozofrenia. Consideró, sin embago, muchas otras posibilidades, algunas bastante extrañas, como: la de que el obisPo muerto Jim Pike estaba invadiendo su mente (acaso por resonancia mórfica espectral. Y luego pensando que más bien era la mente de un antiguo griego llamado Asklepios o una posesión avatárica del profeta Elías.

Aún más interesante que definir qué fue lo que sucedió aquella mítica tarde del 20 de febrero de 1974 es: navegar a través de las elucubraciones que suscitó dicho episiodio. Consolidando en este escritor una inexorable suspicacia de que la realidad que experimentamos es falsa. Aquí vale la pena salir un momento de la dimensión psicótica de K. Dick para encontrar ecos de su visión radical de la realidad en otros autores que quizás sean considerados con mayor estimación por el mainstream. Vemos en Borges un notable parangón:

“El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería ese nuestro caso?” yo conjeturo que es así. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo. Pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.

Estos intersticios pueden ser los canales por los cuales la divinidad se comunica a sí misma su ilusión de ser en el tiempo.

Y quizás no es del todo importante si ocurren generados por una: aflicción neurológica, la ingestión de una sustancia psicodélica, un rayo láser rosa o por el mismo Espíritu Santo. Ya que lo que se comunica es, más que la esencia de la divinidad, la ilusión del mundo. En cuyo desvelo está esa divinidad.

Phillip K. Dick era un maestro en hacernos cuestionar esta realidad. Ver, por así decirlo: los cables detrás de las cosas, el engranaje de la máquina y la escenografía que subyace al paisaje. “Me gusta construir universos que se deshacen. Me gusta verlos desbaratarse y ver cómo los personajes en las novelas se adaptan a este problema”. La crisis del momento en el que se desmorona la realidad es el estado de máxima conciencia y transformación. Ponernos en esa situación, como lectores, es una extraordinaria virtud que germina la semilla central del pensamiento filosófico de nuestra civilización. Que Platón atribuye a Sócrates: el derecho y la responsabilidad de cuestionar las cosas y cuestionar a la autoridad. Una autoridad que podemos identificar con los constructores de la ilusión.

En este sentido la teología de K. Dick tiene una lectura filosófica que no se ve necesariamente contaminada de religión o fanatismo.

La filosofía gnóstica de Phillip K. Dick tiene un profundo sentido ético (una ética metafísica). Más allá de que su obra, dentro de la simulación y el artificio que predomina: celebra al humano auténico y exalta la empatía como la emoción suprema. Que permite al hombre permanecer dentro de la ilusoriedad. Que, como en Ubik, hace todo evanescente y corrupto, K. Dick sugiere que es nuestra labor realizar el mundo:

En el Timeo, Dios no crea el universo, como sí lo hace el Dios cristiano. Simplemente lo encuentra un día. Está en un estado de caos total. Dios se dispone a transformar el caos en orden. Esta idea me atrae y la he adaptado para adaptarla con mis propias necesidades intelectuales:

¿Qué pasaría si nuestro universo empezara como algo no del todo real, una especie de ilusión, como la religión hinduista sostiene, y Dios, por amor y caridad hacia nosotros, lentamente lo está transmutando, lenta y secretamente, en algo real?

Para llegar (o llevar) al mundo a la realidad, según la exploración teológica de K. Dick: el hombre debe descubir su ilusoriedad fundamental. Pero también combatir todo aquello que falsifica y simula. Por lo tanto son los valores que históricamente predican las grandes religiones: los que le permiten afianzarse dentro de la desintegración ontológica que permea a este mundo. Concebido como una contracreación o una copia de la realidad divina por un demiurgo a veces identificado con el diablo. En el amor y en la empatía el hombre vislumbra el orden divino original y participa en la esencia subyacente de las cosas o espíritu. Dice Dick:

La suma de mucha de la teología y la filosofía presocrática puede expresarse así: el kosmos no es como aparenta ser, y probablemente lo que es, en su nivel más profundo, es exactamente lo que los seres humanos son en un nivel más profundo. Llámenlo alma o mente, es algo unitario que vive y piensa, y solo parece ser plural y material.

Dudar de la realidad del mundo material. Del mundo sólido que experimentamos todos los días. Y en el cual nos construimos como entidades individuales aparentemente independientes de los demás, puede considerarse para muchas personas una simple alucinación. Como una percepción poco fundamentada según los preceptos aprendidos de la razón. O como algo aterrador al significarnos como simulacros. Las cosas no se desintegran de la nada, siguen ahí. Pueden tocarse y a la vez cambian conforme a leyes establecidas, predecibles y constantes. Pero consideremos la posibilidad de que esto sea así precisamente porque nosotros —o alguien más— las dotamos de esta realidad: al participar después de todo en la divinidad subyacente somos entidades dadoras de realidad, la mirada es siempre transformadora.

Phillip K. Dick definió la realidad como: “aquello que persiste, incluso cuando dejamos de creer en ello”. Las cosas —la mesa, el árbol, el auto— persisten en nuestra experiencia común: no nos despertamos y nuestra mesa ha desaparecido. Pero, ¿cuándo hemos dejado de creer en la mesa? ¿Cuándo hemos en verdad dejado de creer en la solidez del mundo? Y, al morir, ¿acaso permanecerá la personalidad que supuestamente integramos: ser Phillip, o Juan, o Yo, si dejamos de creer que somos esa persona?

El autor de esta entrada manifiesta su afinidad con la delirante y valiente obra de Phillip K. Dic. Y la fascinación por interrogar la naturaleza de la realidad. Quizás esto muestra una especie de rechazo al mundo. Una excesiva oniricidad, pero quien alguna vez ha visto, o al menos ha creído ver: la radical ilusoriedad de este, el código de glifos y fractales luminosos de la Matrix o los fotogramas con los cuales los agentes van: concatenando el holograma del tiempo, difícilmente dejará de sentirse atraído por estos temas y estará genuinamente interesado en descorrer el velo. Siquiera por un instante, y asomarse al jardín que yace suspendido en la eternidad, aquí.

Escribiendo en Disneylandia, Phillip K. Dick anticipó la realización al final de los tiempos:

Tal vez el tiempo no solo se está acelerando; tal vez, además, está por terminar.

Y si lo hace, los juegos de Disneylandia no serán nunca igual. Porque cuando el tiempo finalice: las aves y los hipopótamos y los leones y los venados de Disneylandia no serán más simulacione. Y, por primera vez, un ave real cantará.

Twitter del autor: @alepholo

Pdf para bajar: Copiar el siguiente enlace y pegar en el buscador:

¿Qué significa salir de la matrix?

www.sinparadigmas.com/manuales/Milagros3.pdf

Para consultar: 64 códigos para salir de la matrix:

https://kupdf.com/embed/64-codigos-para-salir-de-la-matrix_59f9431ce2b6f59e5008a228.html?sp=%7Bstart%7D

Conclusión:

Mucho para pensar, analizar y cavilar.

Fuente:

www.unicusmagazine.com/THE_MATRIX_EXIT.htm
pijamasurf.com

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