La curación esotérica Tratamiento médico tradicional Y curación del árbol genealógico

La curación esotérica

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La curación esotérica

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La curación esotérica

Kenneth McAll

Curación esotérica: La curación esotérica, Kenneth McAll, sanar árbol familiar, limpiando problemas, médico misionero, árbol genealógico, oraciones cristianas y la Sagrada Comunión.

Nacido en China en 1910, el Dr. Kenneth McAII se graduó en Medicina por la Universidad de Edimburgo (Escocia). Luego volvió a China como misionero y cirujano y, durante la II Guerra Mundial, permaneció cuatro años en un campo de concentración japonés junto con su esposa e hijo. Sus experiencias en China suscitaron en él un gran interés acerca del tema de los poderes de la “posesión “, y desde entonces ha consagrado su vida a la curación de enfermedades psiquiátricas a través de la guía e iluminación divinas. Al regresar a Inglaterra dedicó diez años a la-práctica de la Medicina General y, durante dieciocho, ha trabajado como psiquiatra-asesor.(La curación esotérica).

Es Miembro Asociado del Roy al College of Psychiatrists, y ha escrito diversos libros y artículos acerca de las enfermedades menta/es y los poderes curativos de la Eucaristía.

1. El despertar

Nada más salir del protegido ambiente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo, me disponía a iniciar una carrera profesional perfectamente planificada y predecible con la que me proponía sanar y curar los males tanto físicos como espirituales del mundo.
Por haber nacido y haberme criado en el seno de una familia de misioneros Congregacionales, me pareció perfectamente lógico empezar en China, a pesar de que el país se encontraba, en esos momentos, devastado por los estragos de la guerra chino-japonesa.(La curación esotérica).

El territorio en el que ejercí primero la práctica de la medicina, con unos diez millones de pacientes en potencia, abarcaba una amplia área, buena parte de la cual se encontraba infectada por fanáticos grupos guerrilleros.

Muchas veces me vi arrestado por simples sospechas y retenido para ser interrogado, y en una ocasión incluso fui juzgado, acusado de espía y condenado a muerte por una especie de consejo de guerra. No obstante, un cirujano en un país arrasado por la guerra es algo sumamente valioso, por lo que fui absuelto y se me permitió seguir en mi trabajo. Cuatro años después estalló la Segunda Guerra Mundial y quedé atrapado.
Una tarde, a la puesta de sol, me encontraba recorriendo una polvorienta carretera que atravesaba los desiertos campos de una zona bélica del Norte de China, pues transportaba suministros médicos a un hospital situado en un pueblo cercano.

Aquella era una más de mis “excursiones” habituales, en las que con frecuencia tenía que caminar tres días seguidos, durmiendo sólo unas pocas horas y siempre bajo la amenaza constante de ser asaltado por bandidos o detenido para ser interrogado. De repente, me sorprendió la aparición de un hombre vestido.

Totalmente de blanco, que surgió inesperadamente detrás de mí. Señalando un pequeño pueblecito que se encontraba al final de un camino en ángulo recto con la carretera en la que nos encontrábamos, me dijo que allí había muchos heridos que necesitaban mi ayuda. Al principio, pensé que se trataba simplemente de un labrador que volvía a casa tarde y que se había equivocado, pero su insistencia me convenció de que debía cambiar la dirección que llevaba y acompañarle a su pueblo. Se abrieron las puertas del mismo y me vi empujado dentro, pero el hombre desapareció de repente.(La curación esotérica).

Los aldeanos me explicaron que acababa de escapar milagrosamente de una emboscada de los japoneses, ya que el hospital al que me dirigía estaba ahora en su poder. Se mostraron muy interesados por mi cambio de dirección y por cómo había llegado a saber que entre ellos había heridos, insistiendo en que ninguno de los habitantes de la aldea había salido de sus muros a lo largo de dicho día.

Recordé entonces que aquel extraño, totalmente vestido de blanco, se había dirigido a mí en inglés, cuando yo era el único extranjero en kilómetros y kilómetros a la redonda. Entonces supe que quien se me había aparecido era el mismísimo Jesucristo. Se esfumó la burlona tolerancia con que hasta entonces había contemplado la creencia implícita de los chinos en espíritus y aparecidos. Comprendí también que el mundo espiritual contiene influencias tanto positivas como negativas y me di cuenta de que mi oración diaria pidiendo protección había sido escuchada y recibido una respuesta espectacular. Supe que, por dramáticas y difíciles que sean las circunstancias que rodean a una persona, si ha consagrado su vida a Cristo estará siempre a salvo.

La guerra hizo que tanto yo como mi mujer, que también es médico, pasáramos cuatro largos años en un campo de concentración japonés, junto con otros mil doscientos prisioneros apiñados en el edificio de una fábrica, protegidos del frío del invierno únicamente por papeles de periódico en las ventanas.

Al principio, cada prisionero hacía la guerra por su cuenta, guardando celosamente sus propias pertenencias y con temor a que su vecino pudiera robárselas. Luego, y en secreto, unos pocos comenzamos a reunimos todas las mañanas para orar, pidiendo ayuda a Dios para el campo de concentración en su conjunto y para las necesidades especiales de cada individuo. Según se nos fueron uniendo más y más prisiones, fue cambiando la atmósfera que reinaba en el campo. Hicimos un fondo común con nuestros recursos, compartimos nuestros conocimientos, realizamos obras de teatro y conciertos, nos ayudamos mutuamente y dejamos de pelear por la comida y la ropa.(La curación esotérica).

Aquello representaba la diferencia entre el simple hecho de existir y el vivir y, por primera vez en mi vida, fui plenamente consciente del poder curativo de la oración en ausencia de medicinas.

Con el tiempo mi esposa y yo volvimos a nuestro hogar en Inglaterra, totalmente famélicos y agotados tanto física como mentalmente. Afortunadamente, formamos un armonioso equipo de trabajo practicando ambos la medicina y, durante los siete años siguientes, intentamos volver a llevar una vida normal. Pero yo, me sentía confuso y perturbado. No podía dejar sin más a un lado las muchas cosas inexplicables que había visto, oído y vivido en China. Me sentí sobre todo atormentado por el recuerdo de un “loco maligno” o feng kuei, que se había visto “curado” de su locura gracias a la intervención de una mujer normal, la cual se había limitado a orar. Aquel hombre era realmente un loco peligroso.

En Occidente se habría dado por sentado que su locura había sido causada por las presiones intolerables de la sociedad moderna, pero en aquella remota aldea de las llanuras septentrionales de China la gente sabía que algo maligno se había adueñado de él y que no había más remedio que expulsarlo por el medio que fuera.

Después de que hubieran fallado los sedantes a base de hierbas y la magia blanca de los hechiceros, los medios elegidos fueron tan bárbaros y crueles como el diagnóstico, se encadenó a la víctima a un muro para ser lapidada. El hecho de que no muriera rápidamente se interpretó como una indicación de que podía curarse, por lo que se recurrió a un tipo especial de ayuda, no a la de un misionero o médico, sino a una de las numerosas mujeres chinas que no conocen la Biblia pero que han consagrado sus vidas a difundir las ideas prácticas del cristianismo, sin por ello dejar de creer en sus supersticiones acerca de los espíritus benignos y malignos.(La curación esotérica).

En esta ocasión se eligió a una valerosa mujercita que se dirigió a aquella especie de guiñapo sanguinolento en que se había convertido el pobre loco y comenzó a rezar, pronunciando una sencilla oración exorciza-dora en nombre de Jesucristo.

El hombre cayó inconscientemente sobre sus cadenas. Aquellos rudos y primitivos aldeanos lo interpretaron como una señal de que se había visto liberado de su “locura maligna” y le lavaron, le dieron de comer y le cuidaron hasta que volvió a estar en condiciones de ocupar su puesto entre ellos. Y la curación se hizo realidad.
En aquel tiempo, me mostré más bien escéptico. Lo descarté todo como un estallido de violencia colectiva y afirmé desdeñosamente que, aunque no las comprendía bien, sabía que esa clase de prácticas no podían dar nunca resultado en una sociedad civilizada.(La curación esotérica).

Pero más tarde, en el tranquilo y seguro pueblecito inglés en el que vivía, me di cuenta de que esas personas con la mente enferma a las que los chinos denominan “locos malignos” se pueden encontrar en todos los países del mundo, así como que yo era capaz de ayudarlas, aun sin saber muy bien cómo.

¿Era posible que el mismo tipo de exorcismo que había devuelto la cordura a aquel loco chino pudiera servir también para otras personas?, o ¿posiblemente no había sido más que el simple poder de sugestión lo que había propiciado su recuperación? mientras me esforzaba inútilmente por combatir las dolencias psicosomáticas de mis pacientes me encontraba una y otra vez con la influencia evidente y frecuentemente desastrosa de la mente y el espíritu sobre el cuerpo.

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Finalmente, cedí. En 1956 decidí que debía investigar las enfermedades psiquiátricas y descubrir por mí mismo si los métodos normalmente aceptados de tratamiento eran o no la mejor forma de prestar ayuda a los pacientes. Volví a la Universidad, me especialicé en psiquiatría y viví en diversos hospitales para enfermos mentales, aprendiendo todo lo que pude acerca de las personas mentalmente perturbadas y en ocasiones violentas, condenadas a pasar el resto de sus días en esa clase de lugares, como una raza aparte, arrastrando una existencia sin esperanza. Tenía que haber una forma de llegar a ellos, de sacarlos del laberinto en que les había encerrado su propia locura.

Y yo tenía que encontrarla. Mi meta ha sido siempre la misma: ayudar a las personas a ponerse en contacto con Dios y aprender a vivir siguiendo sus designios y dejándose llevar por su guía.(La curación esotérica).

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Indice del libro

Págs.
1. EL DESPERTAR 7
2. ROMPER LAS ATADURAS 12
3. LA CURACION A TRAVES DE CRISTO 32
4. LIBERTAD DE ELECCION 48
5. NIÑOS QUE SUFREN 63
6. EXPULSAR A LOS ESPIRITUS MALIGNOS 76
7. EL MUNDO DE LAS SOMBRAS 90
8. “AL SEÑOR EN ORACION” 111
9. APENDICE: TRES ORACIONES 123
10.NOTAS 129

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