El cosmos como holograma

El cosmos como holograma

El cosmos como holograma. Es una teoría que al pasar el tiempo va tomando más fuerza. Basado en la dualidad onda partícula. Y como esta actúa como una u otra según haya o no observador.

El cosmos como holograma

El cosmos como holograma

El cosmos como holograma:

Considerados al unísono, los descubrimientos paralelos de Bohm y Pribram parecen algo más que una sorprendente coincidencia y llevan a pensar que el universo entero acaso no sea más que una especie de holograma gigantesco. Ello no quiere decir que esté formado por rayos láser, sino que posee las propiedades de un holograma. Como ya mencionamos, una razón para tomar la hipótesis holográfica en serio estriba en que ofrece una explicación que resuelve la práctica totalidad de los fenómenos parapsicológicos. En un universo en el que los cerebros individuales constituirían partes indivisibles de un mismo holograma primordial y en el que todo se hallaría conectado de manera holográfica, la telepatía podría ser, simplemente, la puerta de acceso al nivel holográfico. Dicho con otras palabras, en un universo que es un holograma, nuestro cerebro, y de hecho cada neurona y cada átomo de nuestro cerebro, de algún modo contiene el universo entero, al mismo tiempo que todos formamos parte de una mente global. Bohm y Pribram asimismo han apuntado que numerosas experiencias religiosas y/o místicas tales como los sentimientos de comunión trascendental con el universo pueden tener su origen en el acceso al ámbito holográfico. Como estos dos científicos subrayan, las descripciones de los grandes místicos relativas a experimentar una sensación de unidad cósmica con el todo pueden deberse a que estos místicos lograron irrumpir en aquéllas regiones de su mente en las que todo posee efectivamente una cósmica unidad.
Si el físico tuviera razón la realidad sería un todo sin tiempo, sin espacio, “un espectáculo mágico“; y nuestra limitada concepción de mundo: “una ilusión lejana”, explica el neurocientífico Karl Pribram, planteos que desde la ciencia física saltan directo a la médula de la filosofía, madre de todas las ciencias.

Ver más en: El cerebro como holograma

Holograma:

Según menciona Reneé Weber, la estructura de nuestra mente aportaría categorías como frascos en los que colocamos y describimos esa sustancia que es “la realidad real”, el orden implicado, como la bautiza Bohm. Por eso no vemos el todo. Sólo seríamos capaces de analizar los frascos que le han dado formas determinadas al vasto mar de realidad. Según Bohm no podemos ver a las cosas en sí, desde nuestra estructura racional que tiene ojos sólo para el llamado orden desplegado, el no real.
La capacidad tridimensional sería otra demostración de nuestra torpeza perceptiva, porque habría infinitas dimensiones en el orden implicado. Sin embargo, Bohm plantea una tremenda diferencia con Kant. Habría una forma de abrir los ojos y entrar en ese todo inagotable. Aquí entra en juego el punto más controversial: La física se mezcla con lo espiritual. La controversial explicación la dio con el concepto físico de la desintegración atómica. El pensador sería como un átomo, e igual a él “forma un conjunto sólido en el tiempo a través de su energía ligada cuando el átomo suelta la energía ligada, la energía resultante, asombrosamente inmensa, se libera”. En esa liberación de energía, se “produce el cese de la conciencia como conocedora”, y se pasa a través del vacío “que entraña la suspensión de las categorías kantianas y del espacio-tiempo tridimensional”, para llegar a una “conciencia directa”, que permitiría sumergirse en la realidad total.
Sería la muerte del pensador tridimensional y su renacimiento en otro “orden de cosas”, en un dinámico movimiento de creación, disolución y creación incesante como el que sufren los quantum (salto de la energía de un corpúsculo cuando absorbe o emite radiación) de energía. Como si eso fuera poco, Bohm explica que el planteo del “orden implicado” rompe enteramente con el clásico modelo de realidad, construido en base a los aportes de Descartes, Newton y Einstein. Que reconoce las conexiones entre átomos pero siempre afectados por las variables espacio-tiempo. Fascinante, muy atractivo, pero el mundo científico pedía explicaciones. Fue el físico francés Alain Aspect quien hizo a la teoría: realizó en 1982 un experimento con partículas subatómicas, donde estas partículas podían comunicarse entre sí más allá del espacio en el que se encontraban, más allá de los 20 centímetros, 20 metros o 20 kilómetros que las distanciaban. Intercambiaban información como si nada las separara. No había explicación física tradicional. Bohm creyó que el motivo por el cual las partículas subatómicas quedan en contacto, independientemente de la distancia que las separa, reside en el hecho de que su separación es una ilusión. En un cierto nivel de realidad más profunda, tales partículas no son entidades individuales sino extensiones de un mismo “algo” fundamental (El cosmos como holograma).

Comparte este artículo

Un comentario en “El cosmos como holograma”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *