Alquimia transforma el ser en luz

Alquimia transforma el ser en luz

Alquimia transforma el ser en luz. Según Basilio Valentín la alquimia es “la servidumbre voluntaria a la naturaleza”. La cualidad de servicio que es el distintivo de todo trabajo espiritual se manifiesta como un cuidado, como una veneración, como una fe que celebra la maravilla magistral de la Creación.

Alquimia transforma el ser en luz

Alquimia transforma el ser en luz

Alquimia transforma el ser en luz:

Ora et labora, es el trabajo de todo alquimista. Aunque no lo sepamos, todos somos alquimistas. Es el trabajo conciente de purificarnos espiritualmente.

La alquimia transmuta al humano en ser de luz:

El hakim Álvaro Remiro señala:

La transmutación desde el punto de vista hermético no es una materia transformándose en otra, sino que es la liberación de los frenos que impiden la perfecta manifestación del espíritu en la propia materia. Es la manifestación del ser de luz dentro del humano.

El plomo no se trasforma en oro, porque el espíritu que lo anima siempre fue, es y será oro. El germen metálico es, en todos los casos, una semilla que tiende al oro. El alquimista sólo tiene que disolver y purificar aquello que impide al espíritu metálico manifestar su perfección.

El alquimista un jardinero, un agricultor espiritual, es “la servidumbre voluntaria a la naturaleza” de origen divino.
Es cultivar el espíritu que se abre sitio hasta reemplazar toda la carne, la materia densa en luz.
El proceso alquímico, comprende la liberación del potencial interno del ser humano o pequeño universo, en toda su rica variedad de operaciones químicas y filosóficas.
Es el cumplimiento de un destino sembrado en el corazón de la materia.
El destino del espíritu creciendo hacia su manifestación irrestricta, en toda su gloria y esplendor.
El alquimista es el testigo de la transformación irreprimible de los cuerpos en la sustancia simple de la luz. Este es el oro que deleita a los filósofos.

Raimon Arola escribe en Ars Gravis:

“De la nobleza del hombre interior, del espíritu, y del carácter vil del hombre exterior, de la carne, hablan también los maestros paganos Tulio [Cicerón] y Séneca: no hay alma razonable sin Dios; la simiente de Dios está en nosotros. Si encontrara un buen labrador, sabio y trabajador, prosperaría mejor y crecería hacia Dios, de quien es la simiente, y el fruto llegaría a ser de la naturaleza de Dios. La semilla del peral crecerá hasta ser un peral; la semilla del nogal, hasta ser nogal; la simiente de Dios, hasta ser Dios. Pero, si sucede que la buena simiente tiene un labrador torpe y malvado, entonces crecerá la zarza y cubrirá y ahogará a la semilla buena, de manera que no llegue a la luz ni pueda madurar.
Y, sin embargo, Orígenes, un gran maestro, dice: dado que es Dios mismo quien ha vertido, impreso y germinado esa semilla, puede suceder muy bien que se halle tapada y oculta, pero jamás aniquilada ni anulada en sí misma; brilla y resplandece, ilumina y arde y se inclina, sin cesar, hacia Dios”
Un comentario del maestro Eckhart a Juan 3, 9: “Todo aquel que es nacido de Dios, no peca, porque su simiente permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.

Como señala Orígenes, que todo avanza, a distintos ritmos, pero sin lugar a dudas indeteniblemente hacia Dios.
Así todos los metales avanzan hacia el oro y todos los espíritus a ese Sol Invisible o Dios.

“Sólo el cuerpo que ha vuelto a nacer por el Espíritu Santo es la perla dispuesta hacia el Oro, como lo está el carbón respecto al sol”, dice Paracelso.

¿Y qué es este volver a nacer, más que la anulación del ser individual separado y el abrazo de su íntima realidad, que es Dios?

Como señala Ibn-Arabi en su magnífico Tratado sobre la Unidad: “De ahí las palabras ‘Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor’”, quien comprende esto “comprenderá que el que sabe y lo sabido es Él, que el que ve y el que es visto es Él”.

Es por esto que el alquimista es un químico y un filósofo al mismo tiempo, ocurre una química espiritual a través de la gnosis:

El acto de conocer transforma al alquimista en lo conocido, así resplandece el oro filosófico como una chispa en rostro del Sol.

Como dice el Evangelio de San Juan, “la verdad os hará libres”. Es la sabiduría la que libera al alquimista de la prisión material y de la ilusión de la separación y hace florecer, en un acto de conciencia, la semilla en él de Él.

El alquimista es su obra. Es el trabajo de purificación sobre sí mismo. Así como transforma la materia en la piedra filosofal, en el elixir de la larga vida o el plomo en oro.

Al transformar su ser transforma su mundo y al transformar su mundo se transforma a sí mismo.
Es el mismo camino que lleva a un solo propósito.
Si no eres luz, no podrás transformar la materia.
Si no eres luz, no puedes ser el Dios conciente que hay en tí.

Nota: hablamos de alquimista para que se entienda que es el que busca su transmutación. La palabra correcta para el iniciado es adepto. Alquimista es ya el maestro.

Fuente:

-http://cadenaaurea.com/2016/06/la-evolucion-desde-la-comprension-alquimica-del-universo/
-Propia (Alquimia transforma el ser en luz).

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