La dimensión espiritual del eneagrama: Los nueve rostros del alma Sandra Maitri Libro para bajar

La dimensión espiritual del eneagrama: Los nueve rostros del alma Sandra Maitri Libro para bajar

La dimensión espiritual del eneagrama: Los nueve rostros del alma Sandra Maitri Libro para bajar. El maestro sufí, Idries Shah, explicaba una parábola que suelo utilizar cuando introduzco el eneagrama. Nos habla de un herrero que es encarcelado injustamente y que, al parecer de un modo milagroso, logra fugarse.

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Muchos años después cuando se le pregunta como lo hizo, contesta que su mujer, una tejedora, había tejido el diseño de la cerradura de su celda en la alfombra de plegarias sobre la que oraba cinco veces al día. Al darse cuenta de que la alfombra de plegarias contenía el diseño de la cerradura de su celda, hizo un trato con sus carceleros para conseguir herramientas con las que hacer pequeños objetos, los cuales luego éstos podían vender con beneficio. Mientras tanto, también utilizó las herramientas para hacerse una llave, y un día se fugó.

La moraleja de la historia es que comprender el diseño de la cerradura que nos mantiene presos puede ayudarnos a confeccionar la llave que puede abrirla.

Como todas las historias de enseñanza sufí, se trata de una metáfora. Describe la condición de la mayoría de la humanidad: encarcelada en el laberinto de nuestras propias estructuras del ego. La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas dentro de los estrechos márgenes de aquello que consideramos somos nosotros y el mundo que nos rodea, que, desde la perspectiva de los que no están tan encarcelados, es una pequeña parte de lo que realmente tenemos a nuestra disposición. Patrones y sentimientos concretos, y más abiertamente, situaciones, se repiten una y otra vez en nuestras vidas, dando a nuestra experiencia interior un sentido de identidad (La dimensión espiritual del eneagrama).

Bajo estos patrones repetitivos, encontramos convicciones fijas sobre lo que somos y el modo en que es el mundo que habitamos. Estas creencias se conformaron durante los primeros años de vida a medida que nuestra autodefinición se desarrolló en respuesta a nuestros encuentros con el entorno y aquellos que contenía, en combinación con nuestras predisposiciones innatas.
Llegando a formar nuestros patrones de pensamiento y nuestras reacciones emocionales, proporcionándonos una experiencia interior consistente de nosotros mismos.

El mundo que la mayoría de nosotros habitamos, interior y exterior, por lo tanto, es en gran medida un producto de nuestro pasado; por difícil que sea reconocerlo. Las trampas externas tal vez sean más sofisticadas y corrientes que las de la temprana infancia, pero el núcleo interior de lo que consideramos ser contiene los asombrosos trazos de nosotros mismos cuando teníamos dos o tres años. El elenco de personajes con los que nos encontramos
en nuestras vidas puede variar, pero el modo en que nos relacionamos e interactuamos con ellos, como nos sentimos con ellos e incluso el modo en que los experimentamos, permanece más o menos constante y posee el rancio sabor de la familiaridad.

Aunque no veamos barras y muros constriñéndonos, como le sucedía al herrero en la parábola de Shah, estamos realmente en la cárcel de la realidad holográfica mediante la que filtramos el mundo que nos rodea y las experiencias reales de nosotros mismos.
A menudo no reconocemos lo limitada que es nuestra experiencia de la realidad; el hecho de que habitamos un mundo que nos confina de un modo innecesario.
Podemos sentir simplemente una vaga insatisfacción, una tenue sensación de vida apagada, y una falta de sentido y plenitud, a pesar de nuestros mejores esfuerzos para estar satisfechos con lo que la sociedad nos ha dicho que nos hará felices; ya sea dinero, posesiones, posición, poder, fama o relaciones.

En el caso de otras personas, la sensación de llevar una vida restringida puede ser más abierta, manifestándose en forma de una dolorosa y persistente sensación de ineptitud, carencia, vacío o inutilidad. Las épocas de crisis pueden llevar estas sensaciones
cerca de la superficie, proporcionándonos un atisbo de nuestro confinamiento.
Dichos atisbos son el inicio de nuestra posible escapatoria, puesto que saber que estamos en una especie de prisión puede dar paso a la posibilidad de otra alternativa. El trabajo espiritual a lo largo del tiempo nos ha dicho que la vida es algo más de lo que creemos, que nos espera un mundo más allá del que está encerrado por nuestras restricciones internas (La dimensión espiritual del eneagrama).

Las distintas tradiciones espirituales no solo han expresado la amplitud de nuestra cautividad y sus puntos de vista sobre las dimensiones de la realidad que hay más allá de las anteojeras del ego, sino que también nos han mostrado muchos modos de escapar.

La historia del herrero nos habla de uno de estos métodos para conseguir la libertad: comprender el diseño de lo que nos mantiene encerrados en nuestras celdas. Sin nada parecido a la alfombra de plegarias del herrero para mostrarnos el funcionamiento interno de nuestra realidad holográfica -la cerradura que nos mantiene cautivos- a menudo tenemos pocas posibilidades de escapar.
Mientras que cierto número de mapas espirituales y psicológicos delinean el ámbito del ego, ninguno que haya conocido es tan poderoso como el eneagrama, con el que he trabajado y enseñado durante prácticamente tres décadas.

El eneagrama de la personalidad describe nueve personalidades o egotipos distintos, cada uno de ellos con patrones mentales, emocionales y de comportamiento característicos.
También describe, si se comprende adecuadamente, cómo y porqué dichos patrones surgen cuando perdemos contacto con nuestras profundidades espirituales en la temprana infancia. Además, describe las transformaciones afectivas y de comportamiento que debe experimentar cada uno de los tipos si se compromete en un trabajo espiritual serio que tiene como resultado el volver a comunicar, paulatinamente, con dichas profundidades.

Más adelante hablaremos más a fondo sobre dichas dimensiones del eneagrama, puesto que forman una parte integral del verdadero uso del eneagrama tal como se concibió: como herramienta para la transformación espiritual que puede ayudarnos a ir más allá de los laberintos de la realidad egoica que describe.

La divulgación actual del eneagrama se ha centrado casi exclusivamente en los rasgos y patrones psicológicos de los tipos, por lo que es lo que la mayoría de la gente conoce del eneagrama. En particular, los escritos de Helen Palmer y Don Riso han introducido el eneagrama a gran cantidad de personas.
Artículos sobre el eneagrama han aparecido en los medios de comunicación, y actualmente existen boletines y sociedades basadas en él.

Está empezando a utilizarse en los negocios para tomar decisiones personales, y también empieza a utilizarse como un método de encontrar la pareja adecuada. Mientras que la atención se ha puesto básicamente en la psicología de los nueve tipos, todo este interés ha creado idealmente un público que puede ser receptivo también a sus otras dimensiones. El uso más profundo del eneagrama es señalar el camino a lo que somos más allá del nivel de la personalidad, una dimensión de nosotros mismos que es infinitamente más profunda, más interesante, más satisfactoria y más real. Este libro se ha escrito con este propósito (La dimensión espiritual del eneagrama).

Los orígenes del símbolo de las nueve facetas del eneagrama están envueltos en el misterio, probablemente porque hasta nuestra generación, las enseñanzas sobre él parecen haberse transmitido sólo oralmente. El eneagrama apareció por primera vez en Occidente a principios del Siglo XX en la obra del místico armenio, George Ivanovitch Gurdjieff, que dijo haberlo aprendido en la Hermandad Sarmoung, una orden mística de Asia Central. El biógrafo de Gurdjieff, James Moore plantea la cuestión de si Sarmoung existió en realidad, y la respuesta a esta pregunta sigue estando en el aire.1
Al intentar aclarar los orígenes del eneagrama, el cronista gurdjieffano James Webb no pudo encontrar trazas definitivas del símbolo del eneagrama, tal como la conocemos, antes de Gurdjieff.2

Únicamente encontró vagas referencias que pudieran pertenecerle en la antigüedad, y aunque señala que un símbolo de nueve caras aparece en el frontispicio de un texto jesuita de 1665, estaba compuesto de tres triángulos equiláteros y no se trata del símbolo del eneagrama que utilizamos actualmente. Gurdjieff nos dice bastantes cosas interesantes sobre el eneagrama, que citaré con cierta amplitud puesto que tienen mucho que ver con el modo en que consideramos muchas interpretaciones y formas en que el eneagrama puede utilizarse y se utiliza hoy:

Hablando en general debemos comprender que el eneagrama es un símbolo universal. Todo conocimiento puede incluirse en el eneagrama y puede interpretarse con la ayuda de éste.

En relación con ello solo lo que un hombre es capaz de incluir en el eneagrama es lo que realmente sabe, o sea, comprende. No entiende lo que no puede incluir en el eneagrama. Para el hombre que es capaz de utilizarlo, el eneagrama hace fútiles los libros y las bibliotecas. Todas las cosas pueden incluirse y leerse en el eneagrama. Un hombre puede estar completamente solo en el desierto, trazar el eneagrama en la arena y leer en él las leyes eternas del universo. Y cada vez puede aprender algo nuevo, algo que antes desconocía…

El eneagrama es el jeroglífico fundamental de un lenguaje universal que tiene tantos significados distintos como niveles de hombres existen…

El eneagrama es un diagrama esquemático de movimiento continuo, o sea una máquina de movimiento perpetuo.
Pero evidentemente es necesario saber como leer dicho diagrama. La comprensión de este símbolo y la habilidad de utilizarlo le proporciona mucho poder al hombre. Se trata del movimiento continúo y también de la Piedra filosofal de los alquimistas (La dimensión espiritual del eneagrama).

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