Homeopatía Bases Práctica Teoría Fundamentos Filosofía

Homeopatía Bases Práctica Teoría Fundamentos Filosofía

Homeopatía Bases Práctica Teoría Fundamentos Filosofía. La homeopatía es una medicina global, que busca curar al individuo en su conjunto. Dos de sus principios esenciales son la curación con lo semejante y el uso de medicamentos específicos muy diluidos y “dinamizados” (es decir, agitados entre cada dilución).

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Homeopatía Bases Práctica Teoría Fundamentos Filosofía

Una medicina basada en la experimentación:

La inversa a todas las medicinas. En 1790, Samuel Hahnemann probó en sí mismo los efectos de la quina y anotó escrupulosamente todas las molestias que había experimentado.
Acababa de realizar lo que los homeópatas llaman una “patogenesia”, es decir, la experimentación y la demostración de los efectos de una sustancia en el hombre sano.

Muchas personas realizan el mismo tipo de experimento sin saberlo. Sucede, por ejemplo, cuando los fumadores consumen su primer cigarrillo: los más sensibles palidecen; la cara se les cubre de un sudor frío y los acomete la náusea. Estas personas prueban un medicamento homeopático bien conocido, Tabacum, uno de los remedios que los homeópatas prescriben contra el mareo en los medios de transporte.

Puede constatarse entonces la semejanza que hay entre la intoxicación por tabaco y los síntomas que presentan las personas que se marean en los autos o los barcos.

Similitud, individualización y globalidad

En la medicina homeopática, la elección de un tratamiento
se basa en tres principios fundamentales: la ley de similitud, la individualización de los síntomas y la consideración de éstos en su globalidad.
Lograr buenos resultados depende de que se respeten estos principios.

I “Lo igual cura a lo igual”

Para que el remedio elegido sea eficaz, debe provocar en una persona sana síntomas idénticos a aquéllos que caracterizan la enfermedad que se desea curar o, mejor aún, síntomas idénticos a los que presenta el enfermo. Es la ley de la similitud, según la cual toda sustancia susceptible de provocar experimentaimente una serie de síntomas en un individuo sano y sensible es capaz de curar a un enfermo que presente los mismos síntomas.

Según el mayor o menor grado de similitud, el resultado del tratamiento será total, parcial o nulo. Hahnemann fue e! primero que experimentó los medicamentos en el hombre sano, con el objetivo de conocer de antemano sus propiedades, y por ende el primero en enunciar y aplicar esta ley de manera congruente y sistemática.

I Investigación de los síntomas personales

Si bien todos los pacientes que sufren de marco en los medios de transporte tienen náuseas, no todos presentan síntomas idénticos.
Una persona puede sentir la necesidad imperiosa de aire fresco; su sensación de náusea y mareo se atenúa al cerrar los ojos pero se agrava al moverlos; sin que pueda explicárselo, siente alivio al
descubrirse el vientre.

Otra persona descubre que su mareo se agrava al mover los ojos y que la náusea, acompañe salivación, se intensifica con e! ruido y el movimiento, pero sobre todo al oler la comida o al sólo pensar en ella. En una tercera persona, la náusea se asocia con diarrea, dolor de cabeza y una sensación de debilidad generalizada.

Si bien estos tres pacientes sufren de náusea, dolor de cabeza y vómito, en homeopatía cada uno sería tratado con un medicamento diferente: al primero se le prescribirá Tabacum; al segundo, Cocculus indicus, y al tercero, Petroleum. El minucioso trabajo de
análisis que realiza todo homeópata antes de prescribir un remedio se llama individualización; consiste la identificación hecha por el médico de los síntomas que presenta cada enfermo en particular.

I Consideración de todos los síntomas personales

Los homeópatas llaman “principio de globalidad” al hecho de tomar en consideración todos los síntomas personales del enfermo. Ya sean psicológicos, generales (por ejemplo, sensación de debilidad) o locales (urinarios, digestivos, etc.), lo importante es que los padezca el propio enfermo. Sobre estos dos principios, el de individualización y el de globalidad, se basa la elección del remedio correcto. El homeópata los aplica ambos al momento de realizarse la consulta que, por esta razón, necesariamente toma tiempo.

Preparación de los remedios

Una de las grandes especificidades de la homeopatía radica en los productos que ésta utiliza. Se trata de preparaciones altamente diluidas y agitadas entre cada dilución. Esto último, además, da
pie a numerosas controversias científicas.

I La infinitesimalidad

En homeopatía, un remedio es tanto más eficaz cuanto más diluido se encuentra, hasta el punto
de no contener ya ninguna molécula del principio activo. Para no dañar su salud, y la de sus allegados, Hahnemann utilizaba en sus experimentos dosis muy pequeñas de medicamentos. No obstante, muy pronto llegó a los límites de la capacidad de pesar que tenían las balanzas de su época. Sorteó esta dificultad incorporando los materiales tóxicos que deseaba experimentar en un substrato neutro: agua o polvo de leche.

Mezclar de manera perfectamente homogénea una parte de sustancia tóxica con nueve partes de sustancia inofensiva multiplicaba por diez los alcances de su material; cada miligramo pesado no contenía más que un décimo del producto peligroso.

Constató así que los resultados de su experimentación no perdían valor: los síntomas evidentes que aparecen en casi todas las intoxicaciones (diarrea, vómito) eran sustituidos por síntomas mucho más leves, por ejemplo dolor de cabeza al acostarse por la noche. Fue así como decidió diluir siempre sus preparaciones de antemano, y descubrió que sus remedios eran tanto más eficaces cuanto más diluidos estaban.

I La dinamización

Si los medicamentos homeopáticos no se someten a una serie de golpes entre cada dilución al momento de prepararlos (se les llama “sucusiones”), no tienen ningún efecto terapéutico, como pudo comprobar Hahnemann. De estas sucusiones sucesivas, que él llamó dinamizaciones, depende la eficacia de los medicamentos homeopáticos.

Lamentablemente, el fundador de la homeopatía no mencionó en ninguna parte cómo descubrió el principio de la dinamización. Según ciertas tradiciones, habría notado que los medicamentos entregados por la noche después de haber viajado todo el día por caminos llenos de
baches eran claramente más eficaces.

Otros creen que Hahnemann habría derivado esta intuición del método de fabricación del éter. En efecto, para desencadenar la reacción química entre los constituyentes originales del éter es necesaria una serie de golpes. La explicación del fenómeno de dinamización es hoy en día objeto de diferentes hipótesis científicas.

La salud y la enfermedad según Hahnemann

Para Samuel Hahnemann, el ser vivo es un todo en el cual el cuerpo y el espíritu están indisolublemente unidos; la vida sólo es posible gracias a una fuerza que permite a este conjunto funcionar de manera armoniosa, y a la que llamó energía o fuerza vital. Esta última es inmaterial, invisible y no susceptible de medirse. En homeopatía, los remedios se agitan vigorosamente entre cada dilución. Este proceso, llamado dinamización. hoy en día esta’ mecanizado.

Biblioteca de los homeopátas:

Desde la fundación de la homeopatía, se hizo evidente que, al haber muchas enfermedades distintas, hacía falta un gran número de remedios. Además, Hahnemann probó el efecto de numerosas sustancias en sí mismo y después en sus allegados o colaboradores: la quina, el azufre, el mercurio, el arsénico, el árnica, etc.

Hahnemann corroboró todos los datos recolectados así y conformó una primera Materia médica. Al correr de los años, ésta se amplió considerablemente. Después de algunos decenios, para poder usar correctamente esta enorme masa de información, los homeópatas se vieron en la necesidad de usar Materias médicas resumidas. Además, a partir de estas Materias médicas prepararon índices de síntomas, llamados “repertorios”; el más útil es el Repertorio de Kent.

La enfermedad, una alteración del equilibrio

Para Hahnemann, la enfermedad es consecuencia de la ruptura de un equilibrio y también es inmaterial, no susceptible de medirse más que a través de la observación de todos los síntomas, sobre todo y esencialmente de aquéllos que son personales del enfermo. Estos síntomas representan esfuerzos más o menos exitosos del organismo para recuperar su estado de equilibrio anterior o, si no logra recuperarlo por completo, para alcanzar un nuevo equilibrio.

Constituyen señales de auxilio muy personales que tienen una razón de ser y que es necesario percibir en su conjunto para lograr la curación.

Los resultados obtenidos por los homeópatas durante las epidemias de cólera que azotaron Europa durante el siglo XIX y principios del XX explican en parte el rápido éxito de este tipo de medicina.
A la derecha, la portada de Le Petit Journal, aparecido a raíz de la epidemia de 1912.

Cuando los homeópatas curaban el cólera

Durante el siglo XIX, antes de que se lograran los avances decisivos de la medicina moderna, los homeópatas se veían obligados a tratar enfermedades muy graves, incluso mortales, como el cólera, la fiebre tifoidea, la sífilis o la tuberculosis avanzada. Otras afecciones menos graves, como la tos ferina, el sarampión, diversas hemorragias, los vómitos del embarazo, la diarrea, etc., eran parte de sus tareas cotidianas.

Los homeópatas obtenían resultados claramente superiores a los que lograba la medicina “clásica” de la época, que era mucho menos eficaz.

Este concepto inmaterial de la salud y la enfermedad permite comprender que a los médicos homeópatas les preocupen poco o nada las críticas “materialistas” formuladas por los científicos respecto al empleo de dosis infinitesimales.

• Oposición a la medicina alopática

La alopatía es una “medicina de los contrarios”. Se basa en la acción de los medicamentos sobre el organismo. Los efectos curativos de las sustancias se deben a propiedades químicas que influyen sobre las causas aparentes de las enfermedades. Curar significa hacer desaparecer el síntoma o síntomas molestos lo más pronto posible. Si más adelante sobrevienen otras afecciones, no es más que una mera casualidad, sin relación alguna con los antecedentes patológicos.

Hahnemann llamaba a esta medicina “antipática”, es decir, más allá de los juegos de palabras, una medicina “contra las enfermedades”.

Para el homeópata, esta conducta se llama “supresión”de los síntomas. Según Hahnemann, la terapéutica alopática en efecto hace desaparecer los síntomas, pero el trastorno resurge tarde o temprano de una forma idéntica o más grave. Sería el caso, por ejemplo, de un eccema que, una vez “curado”, va seguido por asma o artritis.

» Curar al enfermo más que a la enfermedad

En homeopatía, atender al enfermo no significa eliminar los síntomas. Un síntoma no es más que
indicador de la ruptura de un equilibrio. Por consiguiente, es inútil hacerlo desaparecer, salvo si
pone la vida en peligro o si es intolerable. El homeópata pone en marcha las fuerzas de reacción
del individuo; es una terapia cuya acción se basa en la respuesta del organismo. Después de tomar
un remedio, los efectos siguen manifestándose durante cierto tiempo, igual que un satélite sigue
su trayectoria una vez que se le pone en órbita.

Puede decirse así que la terapéutica homeopática tiene como objeto curar al enfermo en su globalidad, y no sólo al trastorno. Esta curación pasa por la mejoría del “terreno”, muy diferente de una persona a otra (por ejemplo, en caso de una epidemia de influenza, una persona se ve afectada y otra no), de la energía y del espíritu. Se obtiene cuando un individuo, libre de enfermedad, experimenta un bienestar físico y espiritual duradero por dos años o más.

Por lo tanto, puede considerarse a la homeopatía una forma de medicina preventiva: su objetivo es
evitar la aparición de nuevas manifestaciones de un mismo desequilibrio, corrigiendo éste más que
aquéllas.

 Las “leyes de la curación”

La homeopatía habla de las “leyes de la curación”, preceptos según los cuales las manifestaciones
aparecen y desaparecen siguiendo patrones observados en la mayoría de los casos.

Primera “ley”:

La curación o la mejoría de las enfermedades debe producirse desde el interior hacia
el exterior, de arriba hacia abajo y, sobre todo, en el orden inverso de su aparición, sin que todos
estos elementos se asocien necesariamente. Así pues, el asma aparecida después de la supresión
de un eccema puede cesar en el mismo momento en que vuelve a manifestarse la erupción (del interior
al exterior); un dolor de cadera va seguido de un dolor de rodilla (de arriba hacia abajo). Las
molestias reaparecen en orden cronológico inverso, y a menudo bajo una forma atenuada. El médico
homeópata considera benéfica a largo plazo esta reaparición no sistemática de síntomas antiguos.

Lo único que aconseja es no obstaculizar su aparición con un tratamiento, cualquiera que éste
sea, porque eso alteraría el proceso de curación que está en marcha. En caso de duda, es recomendable consultar con el homeópata.

Segunda “ley”:

El espíritu y la energía deben mejorar antes o al mismo tiempo que las molestias
corporales y, en el momento de valorar los resultados, son más importantes que los síntomas físicos.
Así pues, el homeópata hablará de mejoría si un enfermo sufre más —temporalmente, claro está—
pero se siente menos ansioso o más alegre.

Alcances y límites de la homeopatía

Hoy en día, considerando la eficacia de numerosos tratamientos de la medicina “clásica”, los homeópatas ya no atienden cotidianamente las afecciones más graves. No por ello su campo de acción es menos amplio, y abarca tanto enfermedades agudas (amigdalitis o “anginas”, otitis, hepatitis aguda,
gastroenteritis, ciática, etc.) como enfermedades crónicas (depresión, asma, bronquitis crónica, reumatismo, alteraciones hormonales de la mujer, alergias, etc.). FOT lo demás, incluso ante afecciones
benignas, el médico homeópata puede verse imposibilitado para encontrar el remedio adecuado;
es su deber entonces tratar a su paciente con alopatía, así como el fracaso de la medicina “oficial”
es motivo frecuente para recurrir a terapéuticas alternativas.

Por otra parte, un tratamiento homeopático no puede curar a las personas cuyos tejidos están lesionados. Así pues, una articulación deformada por el reumatismo tiene pocas probabilidades de recuperar su aspecto inicial mediante un tratamiento homeopático. No obstante, la homeopatía podrá aliviar los sufrimientos del paciente.

Cómo emplear la homeopatía

Diferentes factores pueden oponerse al buen resultado de un tratamiento homeopático. En la
medida de lo posible, debe respetarse cierto número de preceptos para que el tratamiento sea
exitoso.

Debe evitarse la intervención de varios médicos

Para obtener los mejores resultados de la homeopatía, es necesario que usted explique al médico
todos los tratamientos que está siguiendo o que haya recibido, sean los que sean: anticonceptivos,
pomadas, tratamientos alopáticos, e incluso psicoterapia, tratamientos dentales, osteopatía,
acupuntura, etc. Hasta donde sea posible, se recomienda no combinar la homeopatía con otras formas
de medicina. Sin embargo, esto no significa que el paciente deba suspender por propia iniciativa
un tratamiento que está en curso. De hecho, ciertos tratamientos no deben suspenderse bruscamente
(por ejemplo, los medicamentos contra la hipertensión arterial o los antidepresivos).

Paciente y médico analizarán juntos los ajustes necesarios. En algunos casos, para comodidad del enfermo o porque su vida está en peligro, es preferible asociar temporalmente los dos tipos de medicina.

Una ciática muy dolorosa, por ejemplo, podrá mitigarse con medicamentos antünflamatorios, a la espera de que el médico homeópata determine el remedio homeopático adecuado que permita curarla.
Asimismo, por regla general, el homeópata aconseja dejar pasar al menos cuatro semanas entre la
toma de un medicamento homeopático y el empleo de algún otro tratamiento “energético”, como
la acupuntura o la osteopatía. La asociación con estas técnicas en un intervalo muy breve entraña
el riesgo de provocar efectos contrarios.
Además, esto dificulta identificar el tratamiento que más conviene.

í Hay que respetar ciertas reglas

Entre las indicaciones que generalmente se dan, cabe destacar los siguientes puntos: Es necesario
respetar el horario prescrito para tomar los remedios (casi siempre en ayunas, o al menos una hora
después de las comidas). Las bebidas alcohólicas, el tabaco y el té deben consumirse con
moderación. Se aconseja reducir el consumo de café y evitar la menta una hora antes y una hora
después de tomar el remedio.

I El paciente debe contribuir a la curación

Todo medicamento homeopático, a pesar de una selección muy rigurosa, puede ser ineficaz si persisten
las causas que desencadenan o favorecen la enfermedad: errores dietéticos graves, exposición
a productos tóxicos, conflictos importantes. Por consiguiente, el paciente debe contribuir a su propia
curación, haciendo las modificaciones pertinentes en la medida de lo posible. Antes de prescribir
un remedio, el médico tomará en cuenta posibles transgresiones a las normas de higiene:
falta de actividad física, abuso del tabaco, el alcohol o estimulantes diversos, alimentación mal balanceada, reposo insuficiente…

La negativa a reconocer qué síntomas son importantes constituye otro escollo. Las exigencias de algunos pacientes son poco realistas: “Déme un remedio para dejar de preocuparme..”, o “Quisiera verme muy bien en el matrimonio de mi hijo, así que debo bajar 15 kilos de aquí a un mes…”

I No existen las curas milagrosas

El último obstáculo a la terapéutica homeopática es la actitud psicológica del enfermo, y sobre todo
su impaciencia. Muchas personas esperan una curación “milagrosa”, e interrumpen el tratamiento
si no ven mejoría después de una o dos consultas. De hecho, en caso de enfermedad
aguda, la reacción debe obtenerse rápidamente, en un plazo que va desde algunos minutos hasta
cuarenta y ocho horas. En cambio, cuando los problemas son antiguos pueden tardar varios
meses en corregirse. No es posible omitir etapas, lo cual implica en ocasiones un proceso de curación
más largo y la administración de remedios sucesivos.

En síntesis, paciencia y confianza son dos de las actitudes deseables, aun cuando el paciente no esté “obligado a creer”en el método, para poder curarse con homeopatía.

Enfermedad aguda y enfermedad crónica

En homeopatía, las enfermedades no se consideran “aguda” o “crónica” en función de la intensidad de sus manifestaciones.
Una enfermedad es aguda cuando sobreviene repentinamente y puede ceder en forma espontánea. Una vez curado, el individuo recupera el mismo estado que antes de la enfermedad; el ataque
es ocasional y no se repite (por ejemplo, una tos consecutiva a un “enfriamiento”).
Se habla de enfermedad crónica si persiste durante bastante tiempo, incluye episodios repetidos de la fase aguda, evoluciona hacia trastornos más rebeldes y profundos o todo lo anterior (depresión que se presenta cada año en fa misma época o hipertensión arterial, por ejemplo).

En caso de enfermedad aguda, el médico homeópata intenta tratar rápidamente el padecimiento, para evitar que haya recaídas o se vuelva crónico. En caso de enfermedades crónicas, el objetivo es encontrar el remedio capaz de restablecer la salud e impedir las recidivas.

 

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